Características de una serie de ficción histórica

Existen muchos estudios sobre el cine histórico que lo clasifican según sea su contenido. Entre estos, el historiador Robert Rosenstone clasifica los films históricos en tres grandes grupos: historia como drama, como documento y como experimentación. Para el análisis de series históricas en España proponemos extrapolar y adaptar dos de los tres grupos de la clasificación que hace Robert Rosenstone[1]: la serie como drama o como documento. El primer grupo se compondría de series que estructuran su narración como un drama, es decir, tanto series basadas en hechos o personajes reales como series con personajes y argumentos ficticios que no pretenden explicar la Historia sino utilizarla como escenario del drama, es decir, las series de ficción. El segundo tendría “su estructura más común en superponer la explicación de un narrador (…) a una serie de imágenes actuales de lugares históricos junto con fotogramas de documentales, noticiarios, fotos, dibujos, pinturas, gráficos y portadas de periódicos de la época”[2], lo que conocemos como una serie documental.

corazón del océano

Al igual que ocurre en el cine o la novela histórica, las series de ficción no pueden entenderse como un complemento de la Historia académica ni pretender hacer de ellas una narración fiel a la realidad porque, aunque muchas veces los personajes o tramas se construyan a partir de personas o hechos que ocurrieron en el pasado, toda obra de ficción nace de la imaginación de un escritor, un director o un guionista. La Historia se utiliza como un mero escenario donde desarrollar la historia que queremos contar.

El tiempo entre costuras

Este tipo de ficciones cuentan con tres características comunes. En primer lugar podemos hablar de unos estereotipos creados por el cine y la televisión de la visión del pasado. Tanto las películas como las series hacen que el espectador cree una realidad imaginaria que muchas veces difiere de la realidad histórica (por ejemplo la visión de la Edad Media como una época de castillos, caballeros y princesas cuando la realidad era otra: una época de epidemias, enfrentamientos religiosos, etc.,).

Javier de Agustín Aldeguer

En segundo lugar tenemos que destacar como característica de estas series de ficción es que tanto las temáticas como la “moralidad” de lo que llamaremos el “tiempo de la narración” (que sería el tiempo en el que se narra la historia) no suelen reflejarse en la ficción sino lo que predomina son las temáticas del tiempo del narrador (el presente).  Un ejemplo de esto sería la homosexualidad. La homosexualidad  tal y como se concibe ahora era impensable en épocas pasadas y las personas concebían su homosexualidad en la mayoría de los casos como una enfermedad o un tabú. Pero lo que vemos en las series son parejas homosexuales que luchan por su amor contra viento y marea y van superando todos esos tabúes. Como ejemplo de esto tenemos varios casos en la ficción española (por ejemplo la relación de Cristina e Isabel en Tierra de Lobos). Otros ejemplos de “presentismo” serán la liberación de la mujer, el amor romántico o el amor parental adecuados a los ideales de la época actual.

isabel_cristina_tierradelobos

El tercer punto a destacar es la utilización del lenguaje en este tipo de series. La utilización de un vocabulario de época puede desvirtuar el contenido de la serie y hacer que el espectador se aleje de ella. Por esta razón, se intentan crear hibridaciones entre el léxico de antaño con el léxico actual para crear al espectador la impresión de estar en el pasado pero con una sensación de cercanía al presente.

Partiendo de estas premisas que representarían lo que podemos entender claramente como anacronismos, no debemos olvidar que es necesario tener un respeto por la Historia e intentar ser fieles a ella en la medida de lo posible (aunque ciertamente pocas veces se logra alcanzar un equilibrio entre ficción e Historia). En palabras de Mª del Mar Chicharro:

“La capacidad de la televisión para representar fenómenos de manera verosímil no se agota en los mensajes manifiestamente informativos. En este sentido, los formatos de ficción, los más populares entre la audiencia, también pueden presentarse como una suerte de espejo fiel de la realidad. Es más, en muchas ocasiones el espectador valora la calidad de la ficción utilizando el rasero del realismo”[3]

[1] ROSENSTONE, Robert. El pasado en imágenes. El desafío del cine a nuestra idea de la historia. Barcelona: Ariel,  1997 pp48-49
[2] ROSENSTONE, Robert. El pasado en imágenes. El desafío del cine a nuestra idea de la historia. Barcelona: Ariel,  1997 pp48-49
[3] CHICHARRO, María del Mar. Televisión y ficción histórica: Amar en tiempos revueltos. En: Comunicación y Sociedad 2008, Vol. XXI. Núm. 2. pp 57-84
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Acerca de El Documentalista Audiovisual

Somos Isabel Borruel y Patricia Wert, dos documentalistas con muchas ganas de trabajar, mejorar y seguir aprendiendo. En este blog queremos compartir diversa información relacionada con nuestra profesión y la documentación audiovisual.
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