Documentación en cine: La lista de Schindler

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Título original: Schindler’s List. Año: 1993. Duración: 195 min. País: Estados Unidos Estados Unidos. Director: Steven Spielberg. Guión: Steven Zaillian (Novela: Thomas Keneally). Música: John Williams. Fotografía: Janusz Kaminski (B&W). Reparto: Liam Neeson, Ben Kingsley, Ralph Fiennes, Caroline Goodall, Jonathan Sagall, Embeth Davidtz, Norbert Weisser, Martin S. Bergmann, Mark Ivanir, Malgorzata Gebel, Shmuel Levy, Michael Schneider, Joachim Paul Assböck, Branko Lustig, Götz Otto. Productora: Universal Pictures / Amblin Entertainment. Género: Drama . Palabras clave: Nazismo. Holocausto. Basado en hechos reales. II Guerra Mundial. 

La primera víctima en toda guerra es siempre la misma: la verdad.

Hoy en día, sin embargo, existen bastantes modos de tratar de “salvarla”; de inmortalizar la realidad mientras sucede; de transmitirla al mundo para mostrarla, para denunciarla…

Y para conservarla para el futuro.

A pesar de que el control de la información en todo conflicto armado sigue siendo férreo y prioritario por parte de los bandos combatientes, las guerras, las revoluciones, las revueltas sociales no son ya únicamente cubiertas por corresponsales, sino a través de las propias redes sociales, que nos brindan imágenes directas y en directo de lo que sucede.

Documentos que quedan registrados en los soportes más diversos.

En el pasado, sin embargo, a los intereses de mantener la verdad muda se sumaba la propia falta de tecnología que impedía, por un lado, esa inmediatez, y, por otro, que buena parte de lo que sucedía se conservara, dificultando la labor futura de los documentalistas.

¿A cuento de qué viene esta pequeña reflexión?

En 1982, Steven Spielberg compró los derechos del libro Schindler’s Ark con la intención de llevarlo al cine. Esa adaptación, sin embargo, tardó 10 años en llegar. Se trataba de un tema muy delicado, y debido al origen judío del propio Spielberg, de algo muy personal, por lo que requería tiempo para el reposo y la maduración.

Sidney J. Sheinberg, presidente de  Music Corporation of America y mentor de Spielberg, le había recomendado la obra de Thomas Keneally cuando E.T. se estrenaba en los cines. Había recibido un Booker Prize a mejor ficción, una gran ironía en palabras del propio autor, ya que no se trataba precisamente de una historia inventada, sino todo lo contrario. En 1980, Keneally había contactado de manera casual con Leopold Page, un superviviente del Holocausto conocido como  Pfefferberg. Keneally fue a su tienda para comprar un maletín, y cuando Page supo que era escritor, le contó su historia y la hazaña de su antiguo patrón, Oskar Schindler, que le había salvado la vida junto a mil doscientas personas más.  No era la primera vez que lo hacía. Contar esa historia. De hecho, su intención siempre había sido la de hacer una película sobre ella, por lo que  guardaba una gran cantidad de información sobre Schindler elaborada por los propios supervivientes. Una fuente directa. Pero el proyecto jamás vio la luz… Y acabó convirtiéndose en el libro de Keneally.

Poco tiempo después de leerla, Spielberg se reunió con Leopold Page y Thomas Keneally para negociar la compra de derechos y presentar un primer borrador del guión elaborado por el propio Keneally. Aunque el material recogido en la novela era prolífico, Spielberg viajó a Polonia y mantuvo contacto directo con números judíos que habían sobrevivido al Holocausto, alguno de ellos gracias a la fábrica de Schindler. No fue tanto un viaje profesional de documentación como un viaje de búsqueda personal y emocional.

La película no solo contó con el asesoramiento directo de Leopold Page, sino que otro superviviente, el productor Branko Lustig, se involucró hasta el tuétano: él mismo había experimentado de primera mano el horror de Auschwitz.

¿Film researcher?
Existen infinidad de reportajes, análisis, revisiones, entrevistas al director y a los protagonistas de La lista de Schindler. En pocos o ninguno de ellos, sin embargo, se menciona el trabajo de documentación. Una película tan aclamada por la crítica, por el público, usada en colegios e institutos para enseñar historia…, y todo el trabajo de documentación está atribuido a su director. Tampoco en los créditos aparece ninguna mención al uso de archivos. Hay que dirigirse al imdb para encontrar una mención a  Martin Beek  como researcher bajo el epígrafe Archival film and photographs – uncredited –.  De hecho, como sucede en muchas otras producciones, La Lista de Schindler es su único trabajo como filmresearcher.

El hecho de que un director se involucre en la propia búsqueda de información para la película ayuda a que tome conciencia (personal) de lo que está narrando, pero no cuesta imaginar que, de haber contado con la ayuda adecuada, un servicio de documentación que le buscara y facilitara fotografías, películas, testimonios y otros documentos y se los mantuviera ordenados en completos dosieres de información, habría podido evitarse una carga extra de trabajo que el propio Spielberg acusó durante el tiempo en que estuvo documentándose. El hecho de que alguien apueste por contar una historia que le toca de un modo personal no significa que pueda —mucho menos que deba— prescindir del trabajo de uno o varios profesionales de la documentación. Además, el trabajo de un documentalista no se limita únicamente a aportar imágenes, encontrar y verificar documentos, testimonios, etc., sino que su influencia es, debe ser, transversal: es decir, debe extenderse a otros ámbitos esenciales de la producción como, por ejemplo, la dirección de arte (decorados, vestuario, atrezzo).

Verosimilitud y veracidad.

Dejemos algo claro: el trabajo de los guionistas, de los directores de una película es el de construir un mundo posible que debe atender únicamente a criterios de verosimilitud; el de los documentalistas, asegurarles la veracidad en caso de que se trate de un film histórico. Aunque muchos los confundan, ambos conceptos no solo no son sinónimos, sino que responden a necesidades diferentes. La verosimilitud afecta a la narración, a la construcción dramática, y su único referente es, debe ser, la obra misma (su realidad interna), mientras que la veracidad afecta a la verdad, a la rigurosidad histórica. Dicho de otro modo: la (única) obligación del narrador es la de construir una buena historia —trama, estructura, desarrollo dramático de los personajes…—; la del documentalista, asegurarse de que todo lo expuesto en ella responda a criterios de verdad histórica (si es el caso).

USC Shoah Foundation.

A pesar de que, como hemos visto, Steven Spielberg no se sirvió de researchers profesionales a la hora de enfrentarse a la titánica empresa de documentar La lista de Schindler, sí hizo algo al respecto una vez terminada: crear una herramienta de presente y de futuro para facilitar su trabajo.

Como director de cine, Spielberg es consciente del poder del material audiovisual. No solo desde un punto de vista dramático, sino de su utilidad y necesidad como fuente documental de primer orden. Por ello, y fruto de sus investigaciones en Polonia, en 1994 decidió crear la Shoah Foundation para recoger y guardar para el futuro los testimonios de los supervivientes de la barbarie nazi así como todo tipo de material relacionado con el propio Holocausto. En 2006, la fundación se trasladó a la Universidad de California del Sur, pasándose a llamar USC Shoah Foundation, que se hizo cargo de todo su archivo histórico visual.

Sus cifras son espectaculares: existen alrededor de 54.000 testimonios guardados, 114.000 horas de testimonios pertenecientes a 62 países y en 41 idiomas diferentes. 52.000 de ellos están catalogados, indexados e integrados en el Visual History Archive, que contiene más de 712.000 imágenes, en torno a 1,85 millones de nombres y más de 64 mil palabras clave incrustadas que pueden usarse para encontrar información. El acceso se puede realizar de diferentes formas a través de las 67 instituciones en todo el mundo y  cerca de 2.000 testimonios de larga duración están disponibles online bajo registro pero con acceso libre. Además, cuenta con un canal de Youtube con una gran cantidad de clips.

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Las cintas que contienen los testimonios originales están almacenadas en condiciones ambientales controladas y el personal técnico de la fundación se ocupa de mantenerse actualizado para utilizar la última tecnología existente a fin de garantizar que los testimonios estarán disponibles a lo largo del tiempo. Todo aquel interesado puede solicitar copias en DVD para uso personal. Para uso educativo, documental, exposiciones o libros, existen diferentes licencias dependiendo del tipo de material, video o fotografía que uno quiera. Para los investigadores, existe la opción de suscribirse al archivo.

Gemma del Teso Martín (@Gtemar)

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Acerca de El Documentalista Audiovisual

Somos Isabel Borruel y Patricia Wert, dos documentalistas con muchas ganas de trabajar, mejorar y seguir aprendiendo. En este blog queremos compartir diversa información relacionada con nuestra profesión y la documentación audiovisual.
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