Gemma del Teso Martín
Cuando pensamos en Documentación Audiovisual siempre nos viene a la mente la misma imagen: fotografías, grabaciones en 8 mm, en 16 mm, en vídeo, audios de acontecimientos que marcaron de algún modo el devenir de una sociedad. Existe, sin embargo, otro tipo de material al que podríamos denominar de más bajo rango pero cuya importancia es de primer orden para la memoria personal —que conforma también la colectiva—: álbumes de fotografías familiares, grabaciones caseras de eventos como cumpleaños, comuniones, vacaciones, celebraciones…
Todo ese material forma parte de la memoria y, por tanto, de la identidad de una persona y de su entorno más inmediato: la familia. Sin embargo, tendemos a restarle importancia —más allá de desempolvar algún álbum en un arrebato de nostalgia durante una reunión—; al fin y al cabo se trata de nosotros, de nuestra microhistoria, de recuerdos privados que carecen de relevancia alguna para la sociedad ya que no cambiaron su rumbo.
Una de las prácticas más habituales en Estados Unidos son las llamadas ventas de garaje (garaje sales) en las que las familias hacen limpieza de sus posesiones, bien por ganar unos cuantos dólares, bien por rentabilizar una mudanza. En ellas solemos encontrar objetos típicos como viejos relojes, lotes de libros, muebles, ropa de segunda mano, juguetes… Pero, en ocasiones, sus organizadores deciden desprenderse de posesiones más valiosas, como sus álbumes de fotografías y viejas películas familiares.
Al igual que en alguna ocasión decidimos romper una fotografía al enfadarnos –en el fondo, lo que hacemos es tratar de borrar, de eliminar a esa persona de nuestra vida, de nuestra memoria—, puede que vender esos recuerdos nos ayude a avanzar dejando físicamente nuestro pasado atrás. O que, simplemente, no valoremos la importancia —real— que tienen esos documentos audiovisuales domésticos. Olvidamos que, además de a nosotros, también retratan a la sociedad y a la cultura en la que vivimos. Es decir, no solo tienen importancia para la familia en sí, sino para toda la sociedad —reflejan, por ejemplo, la moda del momento, las costumbres, la tecnología presente, los hábitos alimenticios, la forma de conducirse, de hablar, los referentes culturales y decenas de otros detalles aparentemente sin importancia—.Sigue leyendo «Recycled Cinema: Alan Berliner»